El regreso a clases en Cuba está lejos de ser una vuelta a la normalidad. Para miles de niños y adolescentes, reencontrarse con sus compañeros y volver a las aulas significa también regresar a un escenario marcado por apagones, dificultades alimentarias, falta de materiales y problemas edilicios.
La situación genera preocupación entre las familias, que deben hacer frente a un sistema educativo cada vez más condicionado por la crisis económica y energética que atraviesa la isla.
Un comienzo de clases atravesado por la incertidumbre
Elaine Acosta, directora del Observatorio Cuido60, describió el actual escenario como una de las vueltas a clases más difíciles de las últimas décadas.
Según explicó, el ciclo lectivo anterior incluso debió finalizar antes de lo previsto debido a la crisis energética y a las dificultades para sostener las clases en un contexto de marcada brecha digital.
A esto se suma una problemática que preocupa especialmente a las familias: la alimentación de los estudiantes.
“La gran mayoría de las mujeres, de las madres, sacrifican su propia alimentación”, señaló Acosta, al explicar que muchas hacen esfuerzos para poder enviar a sus hijos a la escuela con una merienda o algún alimento que les permita afrontar la jornada.
La falta de productos básicos convirtió así la alimentación escolar en otra de las preocupaciones que acompañan el inicio del nuevo ciclo.
Escuelas que necesitan reparaciones
Las dificultades no terminan en las aulas. El estado de algunos edificios escolares también genera preocupación.
Mailén, una madre de tres hijos que vive en La Habana, relató las condiciones en las que funciona la escuela a la que concurren sus hijos.
Según contó, el establecimiento permanece en reparación desde hace más de seis meses debido al deterioro de los techos y de una de las aulas. La situación obligó a trasladar temporalmente a parte de los alumnos a otra escuela para poder continuar con las clases.
El testimonio refleja una realidad que atraviesa a distintos establecimientos y que obliga a reorganizar la actividad educativa mientras se realizan reparaciones.
También faltan docentes
A los problemas de infraestructura y alimentación se agrega otro desafío: la falta de maestros.
En 2024, el propio gobierno cubano reconoció que el sistema educativo necesitaba alrededor de 24.000 docentes para completar sus plantillas.
Acosta atribuyó parte de esta situación a la salida de profesores y auxiliares del sistema educativo, debido a condiciones laborales y salarios que, según sostuvo, no compensan el esfuerzo que demanda la profesión.
La consecuencia es una mayor presión sobre quienes permanecen en las escuelas y dificultades para garantizar las plantillas necesarias.
El desafío de sostener la educación
Con el inicio de un nuevo ciclo lectivo, las familias cubanas vuelven a organizarse para que sus hijos puedan estudiar en medio de una realidad marcada por múltiples carencias.
Apagones, problemas de infraestructura, dificultades para acceder a alimentos, falta de materiales y escasez de docentes conforman un escenario que excede las aulas y se convierte en parte de la vida cotidiana.
Para los estudiantes, el regreso a la escuela debería significar simplemente volver a aprender y encontrarse con sus compañeros. Para muchas familias cubanas, en cambio, el comienzo de clases vuelve a plantear el mismo desafío: cómo garantizar una educación digna en medio de una crisis que también golpea a las escuelas.
Fuente: Leticia Fuentes